“Hay una alegría que solo experimentamos cuando ofrecemos nuestras vidas”

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A Dios mi eterna gratitud por estos 2 últimos años, en que este país y esta misión fueron los motivos de mis dolores y alegrías. Delante de cada oferta yo pude comprender el sentido de mi elección y consagración.

Tierra en que planté raíces, hasta cuando pensaba no tener nada para dar, estas raíces fueron lentamente creciendo y hoy puedo cosechar los frutos maduros de mi vida; y en la misión en que fue confiada únicamente por la misericordia de Dios que me ha hecho ser una semilla que se muere para generar frutos para la Iglesia.

Todo fue providencia de Dios como la cultura, la lengua, los amigos, la familia, los hermanos; y la providencia de Dios me ha dado también la gracia de permanecer hasta el fin. Fueron tantas luchas y el Señor me hacía siempre recomenzar.

Hay una alegría que solo experimentamos cuando ofrecemos nuestras vidas por un pueblo y en esta alegría puedo contemplar la mano poderosa de Dios que me impulsa a un sí eterno, que alcanza la humanidad y que muestra al mundo que sí vale la pena ser de Dios, ser Iglesia, ser Shalom y partir en misión.

Salir en misión, como Comunidad de Alianza, fui realmente tocando en las heridas de los jóvenes que pudieron tener un encuentro con Dios. En cada rostro experimenté de un Dios que salva y realiza su obra día a día. En mi corazón creció mucho el deseo de partir siempre y salir al encuentro de ese hombre que busca en tantas cosas la felicidad y no encuentra.

La humanidad grita a cada momento por Dios y nada más quiere sino encontrarlo. En mí regreso llevo la gratitud de Dios y a este pueblo peruano, que ahora es mi familia para siempre. Soy feliz, soy Shalom, fui misionera de alianza en Lima-Perú.

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