Pessoa em oração, representando o dom do discernimento dos espíritos.
Formación

Dones del Espíritu Santo: El don del discernimiento

Los Carismas del Espíritu, concedidos a todos en ocasión del Bautismo e intensificados en la Confirmación, también son llamados de dones del Espíritu Santo. Ellos nos capacitan con para servir a la Iglesia de Cristo.

El don del discernimiento de espíritus es una gracia que proviene de la presencia del Espíritu Santo en nosotros, de nuestra unidad con Él, de nuestra intimidad con Él en la oración. Así como nos da palabras de sabiduría, ciencia, cura… etc., también nos da el discernimiento de espíritus; don espiritual que nos permite distinguir, examinar en otras personas y en la comunidad lo qué es de Dios, lo qué es de la naturaleza o lo qué es del mal. 

Este don nos permite identificar qué espíritu está impulsando o influenciando una acción, una situación, un deseo, una decisión que tomar, algo que nos dicen u ofrecen. Como todo don espiritual, Él está en interacción con otros carismas, y es necesario para nuestra vida cotidiana, nuestra vida de oración y nuestro apostolado.

En Génesis 3: 1-7, Eva no percibió que quien le hablaba era el maligno, porque no se detuvo a distinguir la voz que le habló y si era de Dios. Engañada por el enemigo, cometió el pecado original de toda la humanidad. Dios respeta nuestra libertad, y así respetó la libertad de Eva de desobedecer y pecar. Debe haber sido un gran dolor para Dios ver a Eva ser engañada. 

 

Tres grandes enemigos del alma

San Juan de la Cruz nos enseña que nuestras almas tienen tres grandes enemigos: el mundo, el demonio y nuestra carne; enemigos que nos hacen la guerra, obstaculizan el camino que nuestra alma desea recorrer hacia Dios. Por lo tanto, es necesario ejercer el don del discernimiento de espíritus, uno de los canales que Dios usa para ayudarnos a vencer a estos grandes enemigos, que intentan confundirnos mientras intentamos conocer y vivir la voluntad de Dios.

Es necesario orar y tener una vida de alabanza y unidad con la Palabra de Dios y los sacramentos de la Iglesia. De esta manera nos tornamos personas profundamente unidas y dóciles a las mociones del Espíritu para que no seamos engañados. Jesús nos enseñó: “Vigilen y oren para que no caigan en la tentación”. 

Este estado de alerta, confiando en la misericordia de Dios, nos viene de la alabanza constante, de la oración diaria, del estudio de la Palabra de Dios, nos viene de la obediencia a la Iglesia, la asistencia a los sacramentos y la amistad con la Virgen María. Estando siempre alertas, sabremos si algo proviene de la voluntad de Dios, del enemigo o de nuestra carne.

 

Don de Discernimiento de Espíritus en el Nuevo Testamento

– Mt 16.16 – “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Vivo!” Jesús glorificó al Padre, porque discernió que quien le había revelado a Pedro quien él era, fue el Padre. Jesús concluyó que la respuesta no había venido de la humanidad de Pedro, porque “sin gracia” nadie podría decir que Él (Jesús) era el Mesías.

– Mt 16:22 – “¡Dios no lo quiera, Señor! Esto no te va a pasar. La falta de fe, el deseo de agradar el miedo, dieron entrada a Satanás en el pensamiento y el sentimiento de Pedro. Jesús discernió que lo que Pedro dijo vino del maligno.

– Lucas 4: 1-13 – Jesús discernió que las sugestiones que le vinieron en la tentación del desierto no vinieron de Dios, sino que del maligno para estropear el plan del Padre.

 

El Espíritu Santo unge a los bautizados con la misma unción espiritual de Jesús

Mediante el bautismo, todos los hombres son regenerados para la vida de los hijos de Dios, unidos a Jesucristo y a su cuerpo que es la Iglesia, y son ungidos por el Espíritu Santo, convirtiéndose en templos espirituales (C.L.10). “Fue en un solo Espíritu que todos fuimos bautizados para formar un sólo cuerpo” (1 Corintios 12:13). Por lo tanto, todos los bautizados viven la “unidad misteriosa con Jesús entre sí” (cf. Jn. 17, 21), todos somos ramas de una vid, Jesucristo.

Además de disfrutar el bautismo de la unidad con Cristo y los hermanos, nos tornamos en “piedras vivas” edificados sobre Cristo, la ‘piedra angular’, destinada a la construcción de un edificio espiritual (1 Pedro 2: 4 y siguientes). El Espíritu Santo luego unge a los bautizados y con esta unción espiritual es posible repetir y asumir por sí mismo las palabras de Jesús:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por eso me ha ungido; me ha enviado a anunciar a los cautivos la redención, a los ciegos la restauración de la vista, a liberar a los cautivos, para publicar el año de gracia del Señor.” (Lc. 4, 18-19).

La efusión bautismal y crismal torna al bautizado participante el triple oficio sacerdotal, profético y real de Jesucristo como miembros de la Iglesia (C.L.13s). Esto nos asegura que los bautizados están configurados en Jesucristo (Fil 3:21) de una manera total, incluso en todas sus actividades (cf. Rom. 12: 1s). Jesús mismo dijo: “En verdad, en verdad os digo: El que cree en mí, hará las obras que yo hago, y hará cosas mayores que éstas: porque yo voy al Padre” (Jn. 14, 12).

 

Nuestra colaboración es esencial

Los Carismas del Espírito, concedidos a todos por ocasión del Bautismo e intensificados en la confirmación, también son llamados de dones del Espírito Santo. Él nos capacita con estos dones para que sirvamos a la Iglesia de Cristo, a través de los hermanos(as). Los carismas son, por tanto, dones de poder para el servicio de la comunidad cristiana.

Algunas condiciones para recibir y perseverar en la vida carismática: Simplicidad y pureza de corazón; perseverancia en la meditación de la Palabra de Dios; Vida de Oración; Deseo de servir a los hermanos como Jesús (Lc. 22, 27); Constancia a la recepción de los dones espirituales (siempre abiertos para ser los canales de la acción de poder del Espírito en nosotros).

Nuestra colaboración es esencial. Dios no nos quiere como robots, actuando independiente, sin cooperar o de forma mecánica. Él respeta nuestra libertad y consentimiento. Si creemos, si asentimos a lo que el Señor quiere realizar en nosotros. María Santísima es el modelo de total apertura: “Hágase en mí, según Tu palabra” (Lc. 1, 38).

Traducción: Marjori Small

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Bibliografía Consultada

Bíblia Ave-Maria
Estudo Bíblico Enchei-vos
Carismas – Coleção Paulo Apóstolo
O despertar dos Carismas
Catecismo da Igreja Católica
Christisfidelis Laice
Como usar los carismas – Benigno Juanes
Lumen Gentium

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Dones del Espíritu Santo: El don de lenguas

Dones del Espíritu Santo: El don de ciencia


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