Formación

Natividad del Señor: alegría de las almas esposas

La Natividad del Señor está entre las solemnidades más importantes del año litúrgico. ¿Cuál es su significado específico para las almas esposas Shalom?

El nacimiento de Jesús en Belén manifiesta el misterio sublime de la Encarnación, hasta entonces escondido en el vientre virginal de María. Tal misterio, a su vez, expresa el amor de Dios por nosotros, el que no es sólo eficaz y agente de nuestra salvación, sino que también es un amor que busca cercanía, compartir la vida, una unión íntima, porque “Quiso venir Aquel que podría ayudarnos (…) Dios escogió el camino de la encarnación no porque Él no pudiera restaurar de otro modo su obra, su proyecto sobre el hombre, sino porque era necesario hacer que el hombre carnal tocara todo lo que puede contener el corazón de un Dios que es amor” (San Bernardo).

La Encarnación del Verbo es la base fundamental de la unión entre Dios y el hombre. En la carne del Dios-Hombre, se realiza el proyecto prefigurado en la creación, la comunión de la humanidad y de cada hombre con el Creador.

Es último fue afirmado claramente en el Concilio Vaticano II, donde se declaró que “con la encarnación el Hijo de Dios (Dios) se unió de cierto modo a cada hombre” (Gaudium et spes, 22). “Eso sucedió – afirma San Agustín –, en el vientre virginal, donde la criatura humana es desposada por Él”.

Así, la encarnación es la base del amor esponsal, el que – a su vez –es además el núcleo del carisma Shalom.

Desde que el momento en el que el Verbo se hizo carne, el hombre pudo unirse a Dios. Porque Dios ahora ama asimismo con y desde un corazón humano. El amor de los hombres se ha elevado, y el hombre puede ahora amar a Dios así como (el hombre) es amado por Él y, por tanto, en ese amor puede encontrar la paz.

Pero ¿Cómo puede el hombre pecador alcanzar tales alturas, especialmente aquellos que sienten los más débiles, los más pecadores, vasos de arcilla (Escritos de la Comunidad Católica Shalom, Amor Esponsal), si no sólo porque el Inaccesible se acercó, haciéndose accesible? La debilidad y la pobreza no son un impedimento para la comunión con Dios, sino una oportunidad, un lugar favorable para el encuentro y la unión.

El Verbo Divino descendió mas no escogió habitar en el “Santo de los Santos, donde el oro, las piedras preciosas, la seda y la plata brillaban: no, no nace entre el oro y las riquezas, sino que nace en un establo, Él retira al pobre del estiércol” (San Jerónimo).

La Navidad del Señor es, pues, causa de profunda alegría para los pecadores, para los pobres, para aquellos que no reconocen en sí mérito alguno, que no depositan su esperanza en la carne, sino en Aquel que asumió la Carne, que la redimió y la elevó. Dios y el hombre están ahora indisolublemente unidos, en un eterno vínculo de amor, un amor esponsal.

Elica Melo

Traducción: Marjori Small


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